Era dueño de la empresa comercializadora de alimentos Molinos Río de la Plata y de la petrolera PeCom. Tenía 89 años de edad.

Fue un tipo de perfil bajo. Por eso, su muerte ni se sospechó en el circuito más próximo de este prominente empresario que, según Forbes, se ubicaba en el puesto 782 en el ranking de los más ricos del mundo.

Gregorio Pérez Companc poseía la cuarta fortuna más importante en Argentina cuya cifra superaba los 4.000 millones de dólares. 

Según fuentes periodísticas, Pérez Companc participó en muchos negocios, pero los sectores en los que logró amplia notoriedad, reconocimiento y prestigio fue en los de alimentos, telecomunicaciones y energía.

En los medios argentinos, la biografía del empresario da cuenta que fue un niño de condiciones muy humildes y sus padres lo tuvieron que dar en adopción a los 11 años de edad. Ese fue uno de los hitos en su vida. Su nueva familia  tenía negocios en el ganado ovino y luego se dedicó al sector naviero. En ese lucrativo ambiente creció Gregorio. Y aprendió. Y conoció de cerca los vaivenes de un sector competitivo, lleno de satisfacciones y retos. Por eso, su trayectoria siempre fue mirada con respeto.

Gregorio se ha marchado y deja una huella empresarial que deberá ser revisada y observada. Su olfato para los negocios queda como legado.

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