Falta menos de un mes para las elecciones presidenciales 2026 y ya se siente cómo se incrementa el calor de los enfrentamientos entre los candidatos. Pero, por supuesto, hay que mantener los modales democráticos, y para eso están espacios como el Foro de Candidatos a la Presidencia – Elecciones 2026, realizado el martes pasado en las instalaciones de la Sociedad Nacional de Industrias (SNI).
Las alocuciones comenzaron a las 9 de la mañana, con promesas, cuestionamientos y también frases hechas, como la ya famosa ‘lucha frontal contra la corrupción’. Hablaron Keiko, Valderrama, Belaúnde… pero la portátil de Ronald Atencio captó la atención de este primer bloque. Una fuerte bulla llenó el ambiente y, mientras Omar Mariluz pedía silencio, un muchacho subido en una silla gritaba sus simpatías. Sin perder el hilo y en su turno, Carlos Spa presentó ese desorden como un ejemplo de lo que ocurre en el Perú: “El happening que acabamos de presenciar hace algunos minutos con un candidato, incluyendo a la persona que irrespetuosamente se paró encima de la silla, es el reflejo de lo que ha venido ocurriendo en los últimos 25 años”, destacó.
Camarógrafos y periodistas seguían en la entrada, esperando alguna declaración. De pronto, me encuentro con un amigo sanmarquino, a quien no veo desde hace unos 20 años, que va con el número 2 en una de las listas. Toda una sorpresa. Le deseo suerte, le digo que votaré por él y sigo mi camino. ¿Lo haré? No lo sé.

A media cuadra, en la calle Los Laureles, un pequeño camión publicitario exhibía una comparación poco amigable: resaltaba a José Williams como héroe de Chavín de Huántar, licenciado en Ciencias Militares, combatiente del Cenepa y magíster en Defensa Nacional, mientras al lado mostraba a un sudoroso Carlos Álvarez, presentándolo como un cómico con secundaria completa. “¿Quién debe ser presidente del Perú?”, remataba el aviso. Álvarez devolvió la estocada al general durante su intervención: “No se burle de quienes tenemos solo educación secundaria, que así somos millones de peruanos, y esos millones van a votar este 12 de abril”, dijo.
La sesión de la tarde dejó un intermedio suficiente para ir a almorzar, pero ¿dónde hacerlo? San Isidro es un distrito difícil para encontrar un menú, y menos por la zona residencial donde se ubica la SNI. El KFC de Javier Prado y el Bembos de la avenida Dos de Mayo (a dos y tres cuadras, respectivamente) eran las opciones más cercanas y económicas, y hacia allí se dirigieron varios.

De vuelta al ruedo
El turno vespertino comenzó con Marisol Pérez Tello y Paul Jaimes presentando sus propuestas de gobierno. Herbert Caller, por su parte, resaltó sus estudios en Austria y Alemania, así como su dominio del quechua, inglés y alemán.
Cuando llegó el momento de Fernando Olivera, la bulla en los exteriores se incrementó. El sonido de las trompetas trajo la melodía de “El baile del gorila”, el famoso hit del 2001. El ruido, de pronto, ingresó a las instalaciones. ¿Boicot? No creo, pero Olivera pareció pensarlo así. “Veo que aquí no hay muchas garantías. Creo que es alguien que no tiene modales democráticos”, comentó, en referencia a la llegada del próximo expositor, Wolfgang Grozo.
Pero no todos los presentes se involucraban seriamente en el apoyo electoral; algunos optaron por divertirse a costa del show de la política. Fue el caso de dos asistentes que, sentados en la penúltima fila, aplaudían a todos los que subían al estrado: “¡Carlos presidente!”, “¡Pancho presidente!”, “¡Nieto presidente!”, expresaban con cierta vehemencia. No importa quién fuera el expositor, ellos aplaudían. “Somos más falsos que los candidatos”, comentó uno de ellos. Ambos rieron. Total, se supone que la democracia es una fiesta.

El evento cerró con López Aliaga. La caída de la noche trajo variaciones en la estructura de su intervención. Con los 22 candidatos precedentes, la gente estaba algo cansada y había que acelerar la presentación, así que César Campos, el moderador, le indicó que se explayara, que continuara, que su exposición sería corrida, ininterrumpida y sin preguntas.
El ruido callejero volvió a colarse, y los gritos no eran de su nombre. Aliaga se quejó y pidió respeto, pero poco se podía hacer desde dentro. Así terminó la jornada, con oradores interesantes que captaron la atención del público; otros que aburrieron y algunos que simplemente leyeron sus papeles, dejando de lado sus propias ideas.
