Tanto su pobre oferta gastronómica como sus servicios higiénicos en condiciones deplorables contrastan con las cifras ascendentes en recepción de turistas de todo el mundo.
Si hubiera un concurso nacional sobre cuál es el aeropuerto más feo de nuestro amado Perú, casi no hay discusión de que el del Cusco pierde por eso: por feo.
Cuando uno llega es recibido por un incómodo counter para el check in. Su pobre oferta gastronómica que apenas da para un café así como su tenebrosa sala de espera del segundo nivel parecen jugarle en contra a la bien ganada fama turística de la ciudad.
Desde el cielo raso que amenaza con caer en la cabeza de uno, hasta pisos rajados y servicios higiénicos malogrados, o largas filas para abordar el avión que dificultan el tránsito de otros viajeros.
Tristemente, esa es la última sensación que se lleva el turista sobre la maravillosa capital arqueológica de América.
Es verdad, el Aeropuerto Internacional Teniente Alejandro Velasco Astete es un lugar frío y distante, que casi nada tiene que ver con la acogedora ciudad de la mayor atracción turística en el continente. Sin embargo, según el Ministerio de Comercio Exterior y Turismo, en el 2023 este terminal aéreo registró la llegada de un millón 498,953 pasajeros, una cifra que sigue creciendo.
Y que parece no importar a nadie, reflexioné, mientras hacía apurada cola –fui el quinto de ocho- para entrar a un baño más parecido al de un colegio estatal en abandono que a un espacio vinculado al turismo de clase mundial.
Entre tanto, el nuevo aeropuerto internacional que se levantará en Chinchero, a casi una hora del Cusco, se anuncia como el segundo más grande del país, capaz de recibir más de 7.5 millones de visitantes al año. Ojalá ofrezca una mejor oferta de servicios y mayor calidez, también lugares interesantes para comer. Y, claro, buenos baños.

