Es una de las trece provincias que conforman el departamento del Cusco. Su bello paisaje y su rica historia la convierten en un lugar imprescindible si se trata de visitar el Cusco.
El Valle Sagrado de los Incas se está convirtiendo en la joya de la región andina más famosa del mundo, escenario de un desarrollo económico importante y el refugio ideal para muchos extranjeros.
Según National Geographic, es “una región de exuberante naturaleza e impresionantes yacimientos arqueológicos, que guardan gran parte de la rica historia de los pueblos incaicos y preincaicos”.
Visitamos Urubamba, a casi hora y media en auto -10 soles el pasaje-, que desde lejos ofrece un panorama de modernas casas de techo a dos aguas, y un amplísimo campo de cultivo “pintado” de verde de la más amplia tonalidad.
Cuna del mejor maíz desde la época del incario, la Perla del Vilcanota -río que baja de Machu Picchu- es un hervidero de gente, sobre todo de turistas europeos que se cruzan con algunos comuneros de coloridos trajes tradicionales.
Bodegas y ferreterías por aquí, clínicas y hoteles por allá, restaurantes de deliciosa carta local o internacional, y un intenso ritmo comercial que, por cierto, no opera a precios bajos.
Un menú puede costar de 10 a 25 soles, y hay platos que superan los 60, servidos en hermosos restaurantes típicos como El Huacatay, Kampu o Tierra cocina artesanal, o Casa Colonial.
“Barato no es”, comenta el taxista sobre esta zona donde la demanda turística mundial se expresa en dólares o euros -una botella de agua personal cuesta casi 3 soles-, hoy refugio de famosos y millonarios.
A sus enormes casonas en las faldas de la cordillera se suman lodges de lujo para experiencias místicas con la naturaleza, incluyendo cabañas-iglú a orillas de la laguna Piuray o enclavadas en lo alto de la montaña.
Me gana el vuelo de retorno, pero tengo suerte y un amigo me regresa a la Capital Arqueológica de América en su bien cuidado Jeep Cherokee Chief año 1979, una joya más de este espectacular destino de nuestro Perú.

